Cuando uno llega a la universidad se encuentra de lleno con esa seriedad que se respira en el ambiente, esa ausencia de ruido y risas que quedan fuera de la clase cuando entra el profesor… pero de vez en cuando no es así y se pueden ver situaciones increibles como las que he visto estos dos últimos días de clase.
Un martes de clase (el 25 de septiembre para ser exactos), al comenzar la clase de Ingeniería de Software, dos chicas que rondarían los 17 años arriba o abajo, fatalmente vestidas y que llamaremos a partir de ahora “las chonis”, se levantaron de el final de la clase y andaron en silencio hasta salir por la puerta abierta al lado de la pizarra. La reacción de la profesora fue, obviamente, la misma que la de todos nosotros: el pensar que esas dos chicas se habían equivocado (quizás podrían ser de primero) y así lo hizo saber la profesora en voz alta. Tan pronto como terminó de decirlo apareció una de ellas, la alta y morena (la otra era baja y rubia e iba arrastrada por la otra de la mano), preguntando por esa clase… a lo que la profesora respondió que se trataba de Ingeniería del Software I de cuarto. La respuesta no se hizo esperar: “ah, pues nosotras somos de primero… de primero de la E.S.O.” (carcajada general pero sin apartar la mirada de la situación). La profesora comenzó a preguntar por la posible existencia de cámaras ocultas en el aula, pero la chica siguió con su intención de hacer esa clase única, repitiendo que ella era de primero, que qué era eso… obteniendo la misma respuesta sobre la asignatura y curso de la profesora. Entonces surgió la pregunta del millón “¿Pero qué es esto, la universidad?”, y ante la afirmación le exclamó a su amiga que era la universidad, repitiendo una vez antes de irse, que ella era de primero, pero de primero de la E.S.O.
Creía yo hoy que eso ya formaba parte del pasado y de las anécdotas de mi fase como estudiante… pero no, ya que para sorpresa de todos, las mismas chicas entraban y salían de clase hoy, un día después, con la música del móvil a todo volumen y paseandose por las clases y el pasillo como si estuviesen eligiendo la nueva víctima. Al llegar el profesor de Redes las dos chicas abandonaron el aula, pero para nuestro entretenimiento volvieron unos segundos después diciendo que ellas querían aprender “Güindous” (o así sonó), entrando y sentándose en primera fila. El profesor, en un pulso de paciencia, no les impidió el hacerlo y les rogó que escuchasen en silencio… o que se fusen a “la puta calle” (me descubro ante el profesor de redes por mandar a la porra el formalismo en esta situación y actuar directamente sin cortarse), repitiendo de nuevo que estuviesen calladas, hablasen solo para preguntar, o se fuesen a la puta calle… a lo cual la respuesta de “las chonis” (seguía hablando sólo la morena) que no iban a preguntar nada… pero que si iban a hablar, momento en el que fueron invitadas a irse de la clase, cosa que hicieron.
Ahora me pregunto si me las encontraré próximamente en otra clase… y también cuanto costará el alquilar tres videocámaras panorámicas y un par de pértigas para capturar el sonido. También me pregunto donde se creían esos dos seres que entraban al meterse en un edificio llamado “Escuela Politécnica Superior” en medio del campus, quizás creían que era el conservatorio de música, una pescadería o el autobús Burgos-Lepe.
Etiquetas: extraño, profesor, universidad
26 Septiembre 2007 a las 9:04 pm |
miedo dan…… :S
27 Septiembre 2007 a las 2:17 pm |
esto es verídico? O_O
se habrían escapado de su centro para personas con discapacidad
30 Septiembre 2007 a las 11:40 pm |
Joer, hay gente que no sabe cómo molestar ¬¬
1 Octubre 2007 a las 11:00 am |
Creo que me estoy haciendo mayor… antes quería bombas inteligentes para acabar con la gran mayoria de las marujas viudas que ocupan los buses pero ahora las cambiaria para acabar con la adolescencia cani :SSSS